Un acontecimiento insólito tiene lugar a primera hora de la mañana en la clase de Latín. En ella sólo se encuentran unos pocos alumnos, los otros están en la cafetería porque no quieren que la profesora les pregunte y no sepan responderle de forma correcta.
Chaina, una de las alumnas, ha tenido que trabajar toda la noche para ayudar a sus padres con la tienda, no ha podido estudiar el día anterior, no quiere salir a la pizarra y le pide al empollón que salga por ella. Todos los alumnos esperan a que el empollón conteste pero… ¡No sabe la respuesta! Al él le entran ganas de vomitar y de llorar y va corriendo hacia los aseos masculinos, la profesora corre tras él y se desmaya.
A partir de este momento, el caos se apodera de los estudiantes y especialmente del empollón, que comienza a pensar que ha matado a la profesora y que no tendrá ningún futuro, ya que estará en prisión. Sin saber realmente cómo, termina secuestrando a la profesora de Latín, encerrándola en el baño.
De repente, la mañana en el instituto se convierte en una tragicomedia. Los alumnos, desorientados, no saben cómo actuar. Por una parte les gustaría acabar con la tiranía de una profesora que les ve como máquinas automáticas, incapaces de traducir latín, y dejarla secuestrada para siempre; por otra, ayudar a su compañero, aunque sea el empollón, a salir de este tremendo y fortuíto lío.
Este libro me ha gustado, especialmente porque los adolescentes se expresan abiertamente en la sociedad actual. Cada uno de los jóvenes que protagonizan el relato va despojándose de sus inquietudes, de sus problemas y de los aspectos que les gustaría cambiar en su vida.